Reportaje | Hermano Jairo Valenzuela predica el evangelio en Misión Amazonas

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¿Qué te motivó a realizar #MisiónAmazonas?

Creo que más que una motivación personal, es parte del plan de Dios, el cumplimiento de sus promesas. Misión Amazonas nace en el corazón de Dios, es algo planificado por Él, y solo puedo dar gracias que en su amor me permitió ser usado en sus manos para llevar el evangelio a las aldeas más apartadas de la selva.

¿Cómo fue la reacción de tu familia y congregación al conocer lo que vivirías?

Recuerdo que al primero que le conté sobre la misión a la cuál Dios me estaba llamando fue a mi Padre. Ese día estábamos solos en casa, fue muy lindo porque Él me confirmó  al instante, aún recuerdo sus palabras: “Hijo, Dios ya me había revelado esto en sueños…” así que en obediencia a Dios me dio su apoyo. Por el lado de mi madre fue un poco más complejo, las madres siempre sufren más, incluso días antes del viaje se enfermó por la preocupación que tenía, con todo siempre me apoyó.

Solo mis padres y mi Pastor David Cartes conocían en detalle sobre este viaje y como Dios realizó el llamado y abrió las puertas para realizarlo.

Unos días antes del viaje mi Pastor me dio la oportunidad para despedirme de la Iglesia, recién ahí le conté a la congregación. Fue una despedida muy linda, sentí el amor de mi iglesia y por medio de ellos Dios me animó. Es impresionante como el Espíritu Santo nos unió, al regresar muchos de mis hermanos con lágrimas en sus ojos me contaban que en las noches venía el Señor, los despertaba y no los dejaba dormir hasta que doblaran sus rodillas y oraran por mí. Hay una frase muy conocida que dice que misiones las realizan las manos que se abren para bendecir, las rodillas que se doblan para orar y los pies que se dirigen a predicar. Le doy gracias a Dios por mi iglesia.

¿Cómo fue la preparación para esta nueva experiencia?

Fue muy difícil, meses de preparación, mucha oración y también hubieron muchas lágrimas. No era un viaje turístico, por lo que el dinero había que saber invertirlo en lo importante.  Al hacer los cálculos logísticos del viaje era realmente caro, en esto Dios también probó mi Fe y compromiso. No quería pedir dinero a mi iglesia, tampoco a la Iglesia a nivel nacional, no quería molestar ni ser carga a nadie la verdad. Dios en esos meses me entregó dos trabajos, estaba todo el día en uno y por la noche seguía con el otro, a veces me sentía cansado y no entendía porque Dios quería llevarme a esos lugares.

Pero lo más difícil fue cuando Dios me pidió mis sueños. Eso costó mucho. Yo también soy joven y estaba realizando un Magister en Comunicación, solo me faltaba la tesis. El tiempo no me alcanzaba para poder seguir adelante con ambas cosas, pues como dije para el viaje tuve que tomar dos trabajos.  Mi Pastor David me invitó a orar y que esperáramos  la respuesta de Dios. Al poco tiempo mi pastor me confirmó que debía seguir adelante con la misión. Por lo que, al tener la claridad de Dios, le entregué mis sueños y de inmediato le dije al Señor: “Heme aquí…”

 ¿Cómo se vive el evangelio en ese lugar?

En sí el evangelio es igual, no cambia. La doctrina del verdadero evangelio de Jesucristo es la misma en todas partes del mundo, eso es hermoso; Lo que sí es distinto son las formas en las que ellos alaban a Dios, ritmos musicales distintos, formas de expresión, la forma de vestir, la sencillez de los templos, muchos con techos de ramas y piso de tierra. Vi mucha pobreza, un baño era un lujo allá.

La comida fue otro tema, cuando me sirven el primer plato a lo lejos vi un caldito, yo me alegré pensando en lo rico que se veía, cuando ya estuvo cerca, me di cuenta que era un pescado. Lo complicado fue que venía entero, es decir, con la cabeza, ojos, aletas, escamas y todo. Como si lo hubieran sacado recién del río y lo hubieran cocido, teníamos que abrirlo y traía las entrañas todo. (Demás está decir que aún así era muy rico) pero a los pocos días nuestro organismo ya rechazaba el pescado pues las preparaciones son distintas, inclusive pirañas comimos.

El agua fue una preocupación constante, ellos nos servían agua del río, con barro, es algo normal allá, como si sus organismos estuvieran adaptados, pesé a lo difícil que fue eso y aunque regresé a Chile con parásitos que estaban comenzando a crecer en mi estómago, aprendí a contentarme con lo poco.

Un momento muy especial fue cuando el Señor se sentó conmigo a la mesa, me habló y me hizo mirar la humildad y el cariño con el que una de las ancianitas de la aldea me atendía, luego me hizo entender que así fue la mujer mencionada en la escritura que con sus cabellos y lágrimas perfumaba sus pies.  Él recompensaría todo lo que ella estaba haciendo, me dijo que sería algo tan grande que ella vería el fruto de ese trabajo cuando en la patria celestial Dios le entregara su galardón, pues al atender a uno de sus pequeñitos lo que en realidad hacia era atenderlo a Él. Ese momento fue maravilloso, sublime, me cuesta transmitirlo pero fue un instante lleno de la presencia de Dios. Cada vez que lo recuerdo se humedecen mis ojos y doy gracias a Dios por tan hermoso momento.

Cuando iba en el avión unos turistas que iban a USA me preguntaron mi destino, al mencionarlo lo primero que me preguntaron fue si me había puesto las inyecciones, yo les respondí en Fe que sí, que era ilógico ir a esos lugares sin vacuna. Lo cierto es que no me había puesto ninguna (al menos física) porque no alcance (y eran varias) contra la malaria, cólera, dengue o Hepatitis A y B. Sin embargo, cuando me despedía de mi pastora el Espíritu Santo la tomó y me puso unas inyecciones espirituales, lo recuerdo porque me sorprendió cuando una vez allá en plena selva un pastor se acerca a mí y me dice las siguientes palabras: “Yo lo veo fuerte a usted, he conocido a otros misioneros que apenas les pica un mosquito su piel se les infecta de inmediato y a usted lo miro y no tiene nada.” Lo que el pastor desconocía es que yo era inmune ¡Pues tenía las mejores inyecciones! ¡Ese es mi Dios, que se preocupa hasta de los detalles más mínimos!

Me han preguntado mucho sobre las serpientes y kaimanes, me tocó estar cerca de esos animales en su estado natural, pero  siendo sincero nunca tuve miedo de las cosas visibles, creo que era porque mi real preocupación siempre estuvo en lo invisible, la lucha espiritual fue constante, debemos entender que es territorio del enemigo, como bien señala la escritura no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas. La amazonía es una tierra llena de brujos y ritos paganos, está la conocida Ayahuasca por ejemplo, yo nunca había vivido batallas espirituales tan intensas y ese estado de alerta me hacía estar en constante clamor, fue algo tan grande que incluso hubo espíritus que procuraban nuestra muerte, los sentíamos con los pastores de la Selva, el enemigo no estaba nada de contento con que lleváramos la palabra de Dios a esas almas. En todo siempre estuvo la cobertura poderosa de mi Dios y la oración de mi Iglesia a la distancia.

Predicar en la selva es muy difícil, existen aldeas enteras en las que no hay ni un solo cristiano. Nosotros navegamos días por los brazos del Río amazonas dirigiéndonos al interior de la selva. No se recomienda navegar de noche, es muy peligroso y yo lo comprobé.

Cuando se hacía de noche hubo un momento muy solemne y de recogimiento de quienes íbamos en la barca, pues comenzamos a pasar por unas quebradas muy riesgosas y los pastores me señalaron el sector dónde hace pocos días había fallecido un pastor junto a sus pequeños hijos al voltearse su embarcación a causa de los troncos. Así se vive el evangelio allá, con hombres y mujeres que se esfuerzan poniendo en riesgo su vida para llevar las buenas nuevas de salvación.

 ¿Qué diferencias existen con el evangelio en tu comuna o en nuestro país?

Nosotros por ejemplo para llegar a la Iglesia vamos en auto, ellos viajan horas e incluso días en barcas o botes para poder oír un poco de la palabra de Dios. Las temperaturas son muy altas, recuerdo un momento en el que fue muy difícil para mí predicar, se había organizado una conferencia para pastores de diversos lugares de la selva, nosotros estábamos invitados y yo tenía que entregar un tema a las tres de la tarde, el cual se titulaba “El poder y la supremacía de Cristo en nuestras vidas…” A los pocos minutos veía el cansancio en los pastores, muchos con días de viaje. Yo por mi parte sudaba mucho y me sentía débil. Recuerdo que se puso en pie un pastor muy servicial y con un abanico artesanal me tiraba aire mientras yo predicaba. De pronto, cuando nos sentimos más sofocados vino la presencia del Espíritu Santo, y terminamos en el altar llorando y reconociendo que el nombre de Cristo debía ser lo primero en nuestras vidas.

Sentí la confirmación de Dios, al ver a un joven llorando en el altar, Dios me dijo “Hijo mío, todo lo que has sufrido, por lo que has pasado, toda lágrima ha valido la pena…” Hubo muchos momentos así, de intimidad con Dios, sentir su voz fue maravilloso, nunca había sentido mi vida tan alineada con la presencia y la voluntad de mi Padre.

 ¿Qué le aconsejarías a jóvenes y señoritas luego de esta experiencia?

Valorar las bendiciones que Dios nos ha dado. Hoy cuando me siento a la mesa es completamente distinta mi actitud, cuando solo con abrir la llave tengo litros y litros de agua potable a mi disposición. Debemos ser agradecidos con el Señor.

También que entreguen sus vidas a Cristo, nunca se avergüencen de ser Cristianos. En nuestra juventud Dios está constantemente formándonos. Él se encarga de quitar todas aquellas cosas que nos distraen de sus planes, su voluntad a veces parecerá dolorosa, pero yo les puedo asegurar que siempre será perfecta.

Mi anhelo ya no es que Dios cumpla mis sueños, más bien, prefiero que el cumpla los suyos en mi.

Amen a sus padres, yo a los míos los amo mucho y los honro. También amo mi Iglesia, me encanta dar las Glorias a Dios y extrañaba darlas, así que en las aldeas por las que pase empecé a enseñar cómo se daban y les gustaba mucho levantar sus manos y glorificar al Señor.

Apoyen a sus pastores, ellos llevan una vida en la que día a día velan por el resguardo de las almas que Dios les ha entregado. Por eso también considero necesario orar por los pastores que dirigen el Departamento de Misiones y evangelismo de nuestra iglesia, para que el Señor cada día les dé más sabiduría y los dirija con su Espíritu en estas labores tan complejas. Sé que el Señor está produciendo un despertar en los corazones de muchos jóvenes, mi esperanza, fe y oración es que nuestros pastores sabrán canalizar los anhelos de esta juventud y entregarán las herramientas necesarias para formar a esta nueva generación que se levanta.

Por último, quiero dar gracias en primer lugar a Dios, a mis padres, pastores e Iglesia por todo el apoyo.

Mi gratitud con el Pastor David Valdivieso de Perú, que lleva más de 34 viajes hacia la selva  y me extendió esta invitación. A los pastores de la selva que me recibieron y terminamos siendo grandes amigos. A cada hermano y hermana que nos atendieron y nos dieron su cariño en las aldeas que visitamos. Agradezco a la Iglesia Metodista Pentecostal de Perú en Lima dirigida por el Pastor Ramiro Vásquez por la semana que pude compartir con él, su digna esposa y sus hijos, en especial a Samuelito. A su hermosa congregación que me dio tanto amor en pocos días. A mi hermano Miguel López y familia. Gracias.

Agradecer también al Departamento de Comunicaciones de nuestra Iglesia por esta entrevista, que sea el medio para que muchos jóvenes sean bendecidos con la experiencia que el Señor me permitió vivir en la Selva del Amazonas. Son muchas más, pero en virtud del tiempo solo pude mencionar algunas.  De verdad, gracias de todo corazón. Mi deseo es que estás líneas sean de bendición para quienes las hayan leído y finalizo compartiendo uno de los pasajes bíblicos que tanto ha bendecido mi vida:

 “Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. (Éxodo 33:13-15)