Reflexión | Semana Santa Iglesia Metodista Pentecostal de Chile

Agradezco a Dios la bendición de poder dirigirme a ustedes en esta Semana Santa. En la víspera de estos días tan significativos, ¿cómo no dar gracias?, ¿cómo no alabar al Señor?, ¿cómo no recordar con profunda unción el sacrificio de nuestro Señor en el Gólgota, el lugar de la Calavera, a las afueras de Jerusalén? Allí se cumplió todo lo anunciado en las Escrituras acerca del Mesías; solo restaba la cruz.

Su muerte es fundamental para nosotros. Más que un feriado, un recuerdo histórico o un tiempo de descanso, para los cristianos representa algo profundo, significativo y trascendental. En el Evangelio de San Marcos, capítulo 15, versículos 21 al 39, encontramos uno de los pasajes más conmovedores sobre el sacrificio de Cristo en la cruz.

Recordemos que el Mesías nació en Belén, en la más absoluta humildad; fue perseguido conforme a lo escrito, creció en Nazaret y enseñó su doctrina para que toda la humanidad tuviera la oportunidad de salvación. Antes de Cristo, la humanidad estaba perdida, pero por la fe se cumple lo que declara el Evangelio de San Juan:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna”.

Fijémonos en lo que declara el centurión en el versículo 39: un soldado romano, testigo de aquel momento, reconoció: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Surge entonces una pregunta para nosotros: ¿estamos realmente convencidos de que nuestro Salvador es el Hijo de Dios? Y si lo estamos, ¿le estamos sirviendo como corresponde y proclamando fielmente su evangelio?

Debemos tener presente que sin este sacrificio no habría salvación. Esta no es una celebración más; es un tiempo para acudir a la casa del Señor con reverencia y recogimiento. Cristo murió por amor, no por obligación.

A todos mis pastores, hermanas y hermanos, les deseo una bendecida Semana Santa. Celebramos no a un Cristo muerto, sino al Cristo vivo: aquel que murió, fue sepultado y que, al tercer día, resucitó, y hoy está a la diestra del Padre.

Que esta semana sea una oportunidad para que quien esté lejos vuelva al Señor, y para que quien esté en medio de pruebas recuerde que Dios jamás lo abandona. Él, en su amor, ha puesto sus ojos en cada uno de nosotros.

Que el Señor les bendiga y les conceda una Semana Santa llena de paz y esperanza, no de tristeza, porque Cristo murió una vez y resucitó para darnos vida. Que cada servicio esté lleno de la presencia del Señor.

A Dios, que vive, sea toda honra y gloria, ahora y por siempre.

Rev. Edmundo Zenteno Céspedes
Obispo Presidente
Iglesia Metodista Pentecostal de Chile 

 

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