En memoria Hermana Irene Salazar

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Nació el 29 de mayo de 1939 en Curanilahue, actual provincia de Arauco. Sus padres fueron Emelina Santibáñez y Rodolfo Salazar, quien asume los cuidados de sus dos hijas, entre ellas la pequeña Irene de 7 años, tras el fallecimiento de su joven madre. A los años, su padre se convirtió al evangelio, siguiendo el paso su descendencia. Irene, por su parte, al sentir el llamado de Dios fue miembro activa de la Corporación Evangélica Pentecostal, por casi 20 años. Entre esos años formó familia y se esmeró en gran manera por educar a sus hijos en el evangelio, participando de todas las actividades de la comunidad; como, escuela dominical, oración de doce y predicaciones.

En el año 2005, se congrega en el local de O’Higgins perteneciente a la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile ministrada por el pastor Escolástico Arratia, terminando su carrera en la IMPCH de Granfeld, siendo una fiel miembro.

Nuestra hermana Irene, se destacó por su participación en el cuerpo de Dorcas en las iglesias donde participó y en las actividades sociales y espirituales. El don de servicio y dadivosidad la caracterizó, fue una mujer abnegada, sensible y misericordiosa; trabajaba con sus manos para ofrendar sus memorables creaciones culinarias, destacando sus sabrosos panes amasados, alfajores y humitas; nunca escatimó tiempo ni recursos para la obra de Dios.

En el ámbito espiritual, era instrumento de Dios para reprender espíritus contrarios por todo el templo; era una hermana ferviente y constante en la oración. La última vez que participó de un culto congregacional, fue un día martes. Ella tomó la oportunidad y agradeció a Dios por la grande obra que él realizó a favor de su vida meses anteriores debido a un delicado estado de salud. Tanta fue su gratitud, que entonó gozosa la alabanza 228 “Cristo me ayuda por él a vivir”.

Sin duda, el ejemplo de vida que nos dejó la memoria de nuestra hermana Irene dejará huella en cada persona que le conoció y pudo compartir con ella. Así también la fe intacta y gratitud a Dios que mantuvo, tal como entonaba “Hasta que llegue su gloria a ver, cada momento le entrego mi ser”.

Comunicaciones IMPCH Granfeld