Reflexión | “Levántate, que la meta no está en el suelo”

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¿Otra vez en el mismo lugar, con el mismo dolor y la misma prueba? ¿Qué pasó? Si ya esto era cosa del pasado.

Pena da cuando preguntan: ¿Cómo estás? Si pudiéramos ser sinceros seguro los protagonistas no serían los mismos, pero sí las mismas situaciones.

Cualquiera que no fuera cristiano y,  al vernos en ese momento creo que dudaría un poco si lo somos, porque si así es estar con Él, cómo sería sino lo estuviéramos. Si hemos decidido seguirlo, amarlo y hacer su voluntad, su palabra dice que tiene planes de bien para quienes le aman, ¿Estaremos amándolo lo suficiente para creer que tiene todo bajo control? Si hoy te sientes como en pausa ¿Es válido? Sí, lo que no es válido es quedarte de esa forma. La prueba ha llegado dura, difícil e incluso agotadora pero la fe tiene que venir acompañada del accionar.

¿Cómo está nuestra comunión con Dios? Al pueblo de Israel les pidió avanzar y les prometió que los llevaría a Canaán, nunca les dijo: Entren al mar y a la mitad dijo: “Quédense parados y vean las olas, disfruten el paisaje, volteen a ver atrás y si desean regresar, háganlo”, sino que Dios les dijo “Crean y avancen”.

Estamos por llegar a nuestra promesa, a nuestra libertad, justo está todo por pasar y caemos en la duda, impaciencia, pecado, dolor, tristeza, depresión, el creer que no podemos, que no sucederá, solo son los dardos que el enemigo utiliza para atrasarnos y desviarnos.

¿Qué debemos hacer? Si ya hicimos todo lo anterior debemos pedir perdón, arrepentirnos, entrar en comunión y permanecer confiados que el Padre ya comenzó a obrar en nosotros. Nada puede suceder si no le creemos, aun así estemos pasando por ese mar y veamos la persecución atrás, accionemos y pidamos su guía. ¡Que empiece a llevarnos por donde Él desea, aun así sea lo imposible, a lo que más le temamos,  ÉL es el experto, nosotros sólo deseemos obedecerlo!

¡Resiste! Cada vez que mengüe nuestra fe, confianza y vengan pensamiento a nuestra mente de caer (de cualquier forma), solo piensa: “Tienes la llave para abrir tu bendición o tu prueba”. Si te has arriesgado a ceder a la tristeza, pecado, desobediencia, incredulidad, dolor, pereza, el no puedo, no quiero, te invito dale una oportunidad a Dios para que en tu debilidad te haga fuerte.  Tú decides ¡Levántate! Que la meta no está en el suelo, sino en el cielo.

“Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto” (Jeremías 17:7-8)

Por: Maritza Santis / Evangelio Creativo