Tips Educativos | ¿Qué necesito aprender? por Bethania Vejar

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Ya iniciado un nuevo periodo escolar, siempre surgen interrogantes, anhelos, miedos, cumplimientos de deseos, entre tantos otros sentimientos, que nos guían a determinar si es realmente el inicio de semestre soñado o si aún nos hacen faltan unos días extras de vacaciones.

Hay estudiantes que aún no culminan su primer periodo escolar, otros que ya lo hicieron y están en el siguiente semestre. De una u otra forma, siempre es el Señor quien está a su lado, apoyando su proceso educativo y afirmando los pasos en este caminar educativo.

Cuando uno se sienta a pensar en todo lo que podemos aprender, y en el tiempo que “tenemos” para hacerlo, no siempre hay una conclusión positiva, ya sea porque existe un gran listado de deberes que cumplir primeramente, porque ya estamos realizando algún estudio y aquello no nos permite tomar otro, a veces el dinero es un factor que también influye en adquirir conocimientos, pero aún así, nuestro Señor nos ha dado de forma libre y gratuita, la oportunidad de obtener el mejor conocimiento que existe en este universo, que consiste en aprender la Palabra de Dios.

La Biblia, es un libro que muchas veces el ser humano (no creyente), ha querido eliminar, sin obtener resultados positivos, por lo que sigue aquí.

 A un mes de celebrar el “mes de la biblia”, nos permite meditar en su contenido. Es un libro antiguo, con enseñanzas escritas por personas que fallecieron hace muchísimos años, donde el contexto cultural era totalmente diferente al nuestro, pero aún así, sigue siendo un “libro vigente”. Este libro, a pesar de todo eso, sigue siendo una fuente inagotable de enseñanzas en la actualidad, su contenido es totalmente aplicable a nuestro diario vivir, sigue saciando nuestra sed de Dios, como lo hizo hace 2.000 años atrás, donde estas historias y palabras descritas, fueron vividas y pronunciadas, ayudando a salvar miles de almas que requerían del amor de Jehová.

Cuando estuvo Jesús en la Tierra, tan sólo buscaba que creamos en él. En el libro a los Hebreos, el autor en el capítulo 12, versículo 2 nos dice “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”, con estas palabras, nos resume de forma clara que realizó nuestro Señor Jesucristo en este lugar, quien vino a sufrir para darnos la salvación y la vida eterna.

Tal vez, uno puede pensar que relación tiene este acto de amor realizado por nuestro Señor Jesucristo con el proceso de enseñanza y aprendizaje, pero es sencillo, todo lo que uno quisiera proponerse, aprender, realizar, etc., debe estar basado en el conocimiento de Cristo y en la acción de masificar su palabra.

Hoy existen enseñanzas que son totalmente contrarias a la Palabra de Dios, y es deber nuestro, saber identificarlas y no caer en confusión. Si tenemos un buen cimiento, firme sobre la roca, que es la Palabra de Dios, aunque vinieren lluvias y tempestades, aunque vengan corrientes “modernistas” y asignaturas en los establecimientos educacionales que pretendan enseñar contra Dios y su palabra, finalmente no nos moverán de nuestra fe.

Nuestro Maestro habló sobre aplicar su palabra, que no sólo debemos oírla, sino debemos ponerla por obra, para que “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente…”, mientras que “…cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato…” (Mateo 7:24,26).

Preocupémonos de ser personas prudentes, conocedoras de la Palabra de Dios, para que cualquier otro conocimiento que queramos aprender o que tengamos que adquirir, sea una forma de enriquecer y afirmar nuestra vida (espiritual y carnal), y no que se transforme ese nuevo conocimiento en arena, provocando necedad en nosotros y que cualquier lluvia o tempestad, nos aparte de este camino santo.

Para Dios, honra y gloria.


Corresponsal Bethania Vejar Catalán / Coordinadora Comunicaciones Sector 25, IMPCH Barrio Prat