Reflexión | “No hay gloria sin procesos” por Maritza Santis

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¿Por qué tantas pruebas? Ya no puedo más. Es una expresión muy repetitiva, pero a la vez muy “gloriosa” El estar en tribulación Papá sigue poniendo sus ojos en nosotros y anhela llevarnos a un nivel de pureza y santidad. Queremos tener una felicidad absoluta, pero quisiéramos que no fuera a base de sufrimientos, pero ¿Qué sentido tendría que todo fluyera como nosotros quisiéramos y no estuviéramos alcanzando la estatura que Él anhela de nosotros? Si realmente estamos enamorados de Dios y con un corazón deseoso de obedecer, tendremos que pasar por procesos que purificarán nuestra alma para prepararnos para el día glorioso de su venida.

En nuestros momentos de oscuridad tenemos que aprender a ampliar nuestra vista y saber que, si le hemos entregado nuestro corazón y alma a Papá, él obrará en nuestro caminar. ¿Qué debemos hacer para acercarnos a Él? Tener tiempos de oración y clamor, es ahí donde nuestro Padre empieza hablar a nuestro corazón llevándonos a una intimidad, mostrándonos su voluntad y confirmando el rumbo que debemos de tomar, lo más increíble de ello es que sin darnos cuenta empezamos a agudizar nuestros oídos a su voz, aprendemos a vivir, no una religión sino una relación y que en nuestros momentos de refrigerio aún más deseemos escucharlo.

Gracias a Dios hemos sido tomados en cuenta para que nuestro carácter sea transformado, para obtener la madurez que nos ayudará a llegar a un siguiente nivel, alcanzar la estatura de varón perfecto. En tiempos de prueba nuestros pasos se deben ser aún más cautelosos, para no dar un paso en falso, ¡Claro! El enemigo también está atento a ponernos tentaciones para lograr confundirnos con el objetivo de hacernos caer. En estos momentos tenemos que sumergirnos en su amor y en obediencia, el Padre no se equivoca y sus planes son soberanos, los nuestros se desvanecen en su majestuosidad.

“El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en la tierra de sombra de muerte, luz resplandeció “(Isaías 9:2).

Fuente: evangeliocreativo.com