Reflexión | “Procura que nunca te falte el Aceite”

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El aceite representa al Espíritu Santo de Dios; bíblicamente es utilizado para ungir el tabernáculo y cada uno de los utensilios, además también se empleaba para ungir a los sacerdotes, reyes y profetas.

En Mateo 25:1-13, Jesús por medio de una parábola, nos habla de unas bodas que se van a celebrar, y como es costumbre en la tradición judía, habían jóvenes solteras que esperaban la llegada del novio, en este caso nos habla de diez vírgenes, cinco de ellas eran prudentes y aparte de su lámpara llevaron aceite para preparase, por si acaso el novio tardaba.

Pero también nos habla que habían cinco vírgenes insensatas, las cuales confiándose mucho y pensando que el novio no tardaría en llegar, sólo llevaron su lámpara con una porción de aceite. Y tardándose el novio, las insensatas pidieron aceite a las prudentes, más ellas les dijeron que si les daban de su aceite no alcanzaría para todas; así que estas se fueron a buscar más aceite. Mientras tanto, el novio llegó, y no encontró a las cinco vírgenes, y solo pudieron disfrutar de las fiestas, aquellas que estuvieron preparadas con su aceite.

Al igual que las vírgenes, estamos esperando el regreso de nuestro Señor. Sucede que durante esta espera, muchas veces el aceite se nos puede acabar; por ello es importante que seamos prudentes y nos mantengamos con nuestras lámparas encendidas y preparadas para la hora en que haya de venir nuestro Señor.

«Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis», Mateo 24:44.

Todos estamos llamados a buscar nuestro propio aceite, no podemos vivir con un aceite prestado; ya que como hijos de Dios, debemos esforzarnos por tener la provisión extra para nuestras lámparas.  El Espíritu Santo es el único aceite que puede mantener esa llama encendida en nuestros corazones. Hay un sólo lugar donde podemos conseguir la provisión del aceite, y es en la Presencia del Señor.

«El aceite de ayer no nos sirve para hoy»

Debemos renovar el aceite de nuestra lámpara cada día, yendo a la presencia del Señor y dejando que El Espíritu Santo nos llene. Que triste sería que nademos tanto para morir en la orilla; que hallamos corrido esta carrera, pero que al final del camino nos quedemos dormidos o que el cansancio nos impida llegar hasta el final y obtener el más grande galardón, como lo son la salvación y la vida eterna.

Reflexionemos: ¿Cómo se encuentra nuestra lámpara el día de hoy?, ¿Será que tenemos el aceite necesario para continuar esperando a nuestro Señor o será que al igual que las insensatas estamos esperando que sea demasiado tarde para actuar?

Si por alguna razón sientes que tu lámpara está vacía, te invito a ir a la presencia del Señor; en intimidad habla con Dios y pídele que te mantenga lleno y te ayude a estar firme hasta el día de su venida.

Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas, Salmo 18:28.

Fuente: bibliatodo.com