Nunca es tarde para volver a casa

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La parábola del hijo pródigo nos muestra una gran verdad, y esta refleja que el inmenso amor del Padre por nosotros sus hijos es tan grande que, aunque se hayan apartado de Él, siempre habrá un lugar para ellos en su Casa. «Si por alguna razón te has ido de la casa de tu Padre, recuerda que Él sigue allí esperándote».

Hay muchas situaciones que nos llevan a alejarnos de la presencia de Dios, la principal de ellas es el pecado. El pecado rompe nuestra comunión con Dios, hace una separación entre Dios y nosotros porque contrita al Espíritu Santo del cual hemos sido constituidos templo. Otra de las razones que nos llevan a alejarnos de Dios son las pruebas, hay creyentes que han construido una estabilidad aparente al lado de Dios, pasa el tiempo y siguen allí firmes en el Señor, pero llegado el momento de las pruebas deciden abandonarlo todo y alejarse completamente de Dios. «Sea cual sea la circunstancia, hay algo que nunca debemos olvidar y es, que siempre habrá un espacio para nosotros en la casa de Dios».

Los problemas, las decepciones, los engaños y las diferentes circunstancias que llegan a nuestras vidas han dejado a muchos creyentes abatidos y sin ganas de seguir adelante. Las malas decisiones y el actuar en las propias fuerzas, puede llevarnos a cometer el peor error que es irnos de la casa de Dios.

Dios no espera que regreses para juzgarte por lo que has hecho en el pasado, Él está allí esperando que vuelvas a su casa para darte vestido, alimento y las fuerzas necesarias para salir adelante. «Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse», Lucas 15:23-24. Hay fiesta y regocijo en los cielos cada vez que uno de los hijos que se había extraviado regresa a la casa de Dios.

Dios es ese padre amoroso del que nos habla la historia del hijo pródigo, aquel que esperó hasta el último momento el regreso de su hijo para abrazarlo y mostrarle su gran misericordia. Contemplando esta historia podemos hacernos una idea de la gran bondad de Dios para con quienes llama sus hijos. Él quiere que regresen a su casa todos aquellos que se encuentran perdidos.

La casa de Dios es ese hogar en el que sabemos que estamos seguros, tenemos un techo, provisión, en la casa del Padre nada falta, sino que los hijos son saciados de bien en todo tiempo.

«Alejados de Dios nada podemos hacer» Por mucha estabilidad económica que tengamos y una aparente felicidad, nunca estaremos completos si no permanecemos cerca de Él. Dios te ama y desea que vuelvas a su casa, que le busques y que cada día recibas sus bondades y veas su misericordia. El mundo y placeres que en el hay no nos dejan nada bueno, solo una sensación ficticia de felicidad, pero que tan pronto como falla algo, perdemos estabilidad y terminamos dándonos cuenta de que solo vivíamos una ilusión.

«Si sientes que la vida ha sido injusta y por algún motivo te has apartado de Dios, vuelve a casa. Recuerda que mientras haya vida hay esperanza, mientras estés en esta tierra todavía tienes oportunidad de volver a los brazos de tu amado padre Celestial, Él está esperando por ti… no lo hagas esperar más».

 «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad», Salmo 84:10.

Fuente: bibliatodo.com