En memoria de un hombre de Dios

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El 13 de noviembre de 1965, cuando el ocaso de la primavera ya prometía un cálido verano, nació en la localidad de Colico Bajo un pequeño al que llamaron Héctor Ricardo González Cuevas, conocidos por todos como “Richi”, quien, con los años, se convertiría en un gran ser humano, un “pequeño gigante”, pues era pequeño de estatura y pero gigante de corazón.

Desde pequeño acompañó a su madre, nuestra Hna. Reineria Cuevas, quien perseveraba en la Iglesia Wesleyana; luego, siendo aún un adolescente, en la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, en el sector rural La Higuera, recibió a Nuestro Señor Jesucristo.

El año 1987, nuestro hermano Héctor Ricardo se unió en matrimonio con la hermana Ruth Soto, recibiendo la bendición de Dios a través de nuestro amado pastor Escolástico Arratia y a quienes el Señor les concedió una hija, la hermana Darlyn, más un nieto y recientemente una nietecita. Actualmente, su madre, con 86 años de edad, es una fiel dorca de nuestra iglesia.

Fueron tantas las cualidades que destacaron a este hijo de Dios, que hoy casi nos cuesta poder nombrarlas todas. Por ello llegó a ser una persona muy querida, conocido como “Tío Richi”, “Hermano Richi”, “Hermano Héctor” o, simplemente, “Richi”.

¡Cómo olvidar a alguien que fue un gran ejemplo! No solamente para su familia sino también para su iglesia, su barrio, su trabajo y tantos otros lugares, en donde muchos fueron bendecidos con su presencia, sus acciones y su ejemplo, pues su predicación de amor al prójimo siempre la practicó con gran devoción.

¡Quién podría negar su grande y total desprendimiento de lo material y su gran entrega en lo espiritual! Sensible a tantas necesidades y al dolor ajeno, sirvió a todos como hermanos, sin distinción.

Su familia siempre recordará la manera especial de demostrar su cariño, un pellizcón, un “pipirote” en la oreja, un apretón, un pequeño golpe en la cabeza, y tantas otras formas de expresar su ilimitado amor hacia los suyos. Con sus juegos demostró que siempre hubo un niño dentro de él. Era el alma de la fiesta contagiando con su alegría y diversión.

¡Quién podría sospechar que con su alegría también expresaba una profunda sabiduría! Muchos recibieron sus consejos, que, con optimismo y afecto, escuchaban atentos la sinceridad que irradiaban sus palabras, las que siempre estaban motivando a ser mejores personas. Fue un mar de esperanzas, que siempre ayudó a forjar templanza, con una actitud desafiante frente a las tempestades de la vida.

“Tío Richi”, gracias por tanta entrega sin pedir nada a cambio, nos enseñaste que la vida es para sonreír, compartir, solidarizar, regalar, jugar, ayudar, entregar y, por sobre todo, a amar; podemos afirmar que tu vida entera se resume en el verbo amar.

Su primer cargo en la obra del Señor fue la de ser un portero, y, con el tiempo, tuvo la bendición de Dios de ser predicador, jefe del grupo de ciclistas, y encargado del Local La Higuera.

En de su manera de vivir y de servir al Señor tuvo muchas frases que lo caracterizaron y que siempre recordaremos, como por ejemplo: “Todo lo puedo en Cristo, que Él me fortalece”, “Yo no sé  lo que tú has venido, pero yo he venido a alabar a Dios”, “Una cosa estoy sintiendo yo ahora: que Dios está en este lugar”, “Todo se soluciona conversando”, “Yo doy todo sin esperar nada a cambio”, “No importa que hablen de mí, yo entrego y hago lo mejor para Dios”, “La herencia más linda que me diste, mamá, es estar en el evangelio”, eran sus palabras de gratitud hacia ella.

Hoy, aunque estemos llenos de dudas, haciéndonos miles de preguntas, en donde el por qué no podemos asimilarlo en nuestro corazón, que ha sido herido y traspasado por un insondable dolor que a veces nos mantiene sin respiración, pues una parte de nosotros se ha desprendido, sabemos que no estarás más en cuerpo presente, pero, sin lugar a dudas, seguirás viviendo en cada uno de aquéllos que guardamos tu recuerdo en lo más profundo de su alma.

Nuestros pastores Emeterio Contreras y Francisca Toledo, los  hermanos oficiales diáconos, ciclistas, dorcas, jóvenes, señoritas, coro, niños, locales, familiares, amigos, colegas, vecinos, nadie puede dudar que nuestro hermano “Richi”, oficial diácono de nuestra iglesia y ya próximo a cumplir tres años como ayudante del Siervo del Señor, escuchó el llamado del Ángel de Jehová, respondiendo con voz firme y segura, “Heme aquí, Señor”.

Por cierto, es momento de sentir dolor, pues todo tiene su tiempo, sin embargo, aunque estamos invadidos por la tristeza y una grande congoja, podemos decir que Dios es fiel; y como dice La Escritura, “Jehová dio, y Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito”

En estas líneas también queremos agradecer la compañía de nuestra máxima autoridad sectorial, el Pastor José Almonacid y pastores del Sector 16, quienes cumpliendo, la Santa Palabra de Dios “lloraron con los que lloran”.

Karina Toledo /|Carlos Contreras | Sara Castillo

Comunicaciones IMPCH Sector 16