La Voz Pentecostal | Reportaje “Mujeres de Fe”

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Basado en la investigación del hermano Pablo Villouta Cabrera


Desde los inicios del pentecostalismo en Chile, las mujeres siempre han estado presentes en los momentos más relevantes aun cuando la mayoría de sus nombres están en el anonimato. Todas ellas: pastoras, dorcas, señoritas, coristas, niñas y ancianas han sido mujeres de oración, de ferviente devoción, espiritualidad y fidelidad.

Existen muchas mujeres de la Iglesia Metodista Pentecostal de vida ejemplar, de ahí nace el interés en compartir el legado de algunas de ellas. Son testimonios que han quedado prácticamente en el olvido por no existir un registro escrito o digital.

Dentro de las primeras mujeres que cumplieron un papel relevante en los comienzos de nuestra Iglesia está la misionera MARY ANN HOOVER, esposa del pastor Willis Collins Hoover.  Cuando en la Conferencia Metodista de 1910 las autoridades episcopales quisieron terminar el movimiento pentecostal y su esposo mostró cierta vacilación, con voz firme y sonora, dijo: “¡No, Mr. Hoover, comemos pan duro con los hermanos chilenos, pero sigamos con el avivamiento del Espíritu Santo adelante!”

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Mujer destacada es la recordada hermana ELENA LAIDLAW, ícono del despertar pentecostal; personaje central en los sucesos del día 12 de septiembre de 1909, que llevaron a las congregaciones de Santiago y Valparaíso a separarse de la Iglesia Metodista Episcopal y formar la base congregacional del pentecostalismo nacional.

Otro ejemplo de fe lo encontramos en la hermana Natalia Muñoz y su hija Remigia Arancibia. Ellas fueron testigos oculares del derramamiento espiritual en la Iglesia de Valparaíso que dirigía Mr. Hoover, lo que motivó a la hermana Natalia a dar testimonio de estas manifestaciones, y visitar iglesias al sur del país. En tanto, la hermana Remigia colaboró entusiastamente en la iglesia, promoviendo la revista Chile Pentecostal y posteriormente, trabajando como esposa del pastor Eliseo Jara de Talca, donde se destacó en el área educacional.

Meritorio es recordar a la pastora ÁNGELA ABARCA, esposa del pastor Oraldo Rojas Ramírez de San Bernardo. Trabajadora incansable y de vida espiritual sin sombras, se le concedió la bendición de ver el fruto de sus desvelos: una iglesia numerosa tras las pisadas del Maestro y la construcción de uno de los templos más grandes en Sudamérica para la época.

Palabras faltan para describir la figura de la Diaconisa MERCEDES GUTIÉRREZ MORALES, pastora de la Iglesia de Jotabeche y esposa del primer Obispo Pentecostal chileno, Reverendo Manuel Umaña Salinas. Su vida de sufrimientos por la expansión del Evangelio y la consolidación de nuestra Iglesia Metodista Pentecostal se vio coronado con la conversión de miles de almas que aceptaron a Cristo en sus corazones.

En la segunda mitad del siglo pasado, Dios levantó a otras siervas que fueron parte del crecimiento de la Iglesia y compañeras idóneas de sus maridos.

La Diaconisa MARÍA GIL RIQUELME estaba casada con el Obispo Mamerto Mancilla Tapia. De profunda instrucción bíblica, la hermana Mery fue una fiel compañera de su esposo, que expresaba en sus predicaciones el gran amor que sentía hacia Dios, escribiendo en las columnas del Chile Pentecostal la sección “el rincón femenino”.

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La Diaconisa MARINA DAZA de Vásquez acepta a Jesús en su vida a los trece años de edad cuando es testigo de la sanidad de Dios sobre su hermana. Hija espiritual del Obispo Umaña, conoce a su futuro esposo cuando éste cursaba estudios universitarios en Santiago. Juntos sirven al Señor en la Iglesia de Jotabeche en su grado de hermanos y más adelante, como sucesores de su propio pastor y Obispo.

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También es digno recordar a algunas pastoras fallecidas que dejaron una huella en sus hermanas dorcas y consiervas. En representación de ellas mencionamos a la pastora RAQUEL CÓRDOVA de Seguel, iglesia de San Antonio; pastora LAVINIA FUENTEALBA de Pasmiño, iglesia de Antofagasta, Y pastora JUANITA OLIVARES de Azócar, iglesia de Rancagua. Para muchas seguirá siendo un referente la vida de la pastora NORMA GONZÁLEZ de Vivanco, iglesia de Temuco – Santa Rosa, quien trabajó arduamente junto a su esposo en la evangelización de Santa Cruz, Bolivia, tocando su acordeón de 72 bajos, y consiguiendo los recursos económicos para nunca faltar a la Conferencia en Chile. Y como olvidar el ejemplo de la pastora CLAUDIA OCHOA, Presidenta de la Filial en Perú, recientemente fallecida, quien ejerció con valor la presidencia de nuestra filial en el país hermano, soportando los vaivenes del cargo, expandiendo el evangelio a la sierra altiplánica y gobernando la iglesia de Tacna. Caso inédito en nuestra centenaria historia.

Asimismo, dar gracias a Dios por la vida de nuestras pastoras viudas ENCARNACIÓN FUENTES de Reynero, iglesia de Chillán; LUZ BALBOA de Rubilar, iglesia de Los Ángeles; ELIZABETH ALVARADO de Menares, iglesia de Arica; LEONOR IGOR de Leal, iglesia de Punta Arenas, BLANCA BRAVO de Dote, iglesia de Limache; CEFERINA LÓPEZ de Rojas, iglesia de La Cisterna; HILDA VARGAS de Román, iglesia de Codegua, JUSTINA VALLEJOS de Arratia, iglesia de Coronel; LUZ RODRÍGUEZ de Valdebenito, iglesia de Pdte. Bulnes o, EDUVINA CÁRDENAS de Cárdenas, iglesia de Rahue Bajo, entre muchas más. Ellas representan a muchas mujeres que ante la ausencia de su esposo, siguen fiel a su recuerdo y a Dios.

En la actualidad, en nuestra Iglesia Metodista Pentecostal hay destacadas mujeres, siervas del Altísimo, que han acompañado a sus esposos en la bella profesión de guiar almas al Reino de los Cielos por más de cincuenta años, siendo el caso de la pastora ANA CHAVEZ de González, Iglesia de Puerto Montt-7 de Línea; pastora LEDA VERA de Montes, Iglesia de Valdivia; pastora RUTH OLAVE de Inzunsa, Iglesia de San Carlos y la pastora LIDIA LÓPEZ de Toledo, Iglesia de Penco, quien ha acompañado a su esposo por 56 años de ministerio. Nuestro reconocimiento público a estas dignas hijas de Dios.

Ungimiento Diaconisa Reynero04Finalmente, queda mencionar algunos aspectos de quien es nuestra actual Diaconisa ALICIA REYNERO FUENTES. Proveniente de una familia evangélica, sus padres se preocuparon en inculcarle sólidos valores cristianos, siendo la mayor de diez hermanos. Como niña y señorita, siempre estuvo ligada a la iglesia de Chillán participando en el coro oficial, con las dorcas, como profesora de Escuela Dominical y acompañando a su padre en largas giras predicando el Evangelio. En los momentos más difíciles del Obispado de su esposo, siempre estuvo acompañándolo, incluso cuando las traiciones golpeaban las puertas de su propio hogar, resistiendo los duros embates con la mirada puesta en su Salvador. Dios bendiga por muchos años más a nuestra Diaconisa.

En un acto de justicia deseamos destacar la herencia espiritual de las siervas, igualmente, la entrega de nuestras abuelas, madres, esposas e hijas, que sin descuidar las labores domésticas y seculares, colaboran infatigablemente en las tareas de la iglesia. Asimismo, rendir un sentido homenaje a aquellas mujeres que hoy descansan en la presencia del Señor, cuyas obras se recuerdan en el tiempo por su voluntariado, consagración a Dios, sacrificio y esmero.

“…Oh mujer, grande es tu fe…”  (Jesús a la mujer cananea).

A todas ustedes, mujeres de fe, nuestra especial gratitud y sincero reconocimiento.


Artículo: Mujeres de  Fe

Edición N° 53

Revista La Voz Pentecostal