Personajes Bíblicos | La vida de Job

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Significado y origen de su nombre: Job es un nombre que procede del hebreo אִיּוֹב, Iyov y significa “aquel que sufre penalidades”. Viene de ayûb (árabe), que significa “perseguido y odiado”. Este significado proviene de la opresiva prueba que le tocó vivir y que relata el libro que lleva su nombre.

Procedencia y origen familiar: La Biblia señala en Job 1:1 que provenía de Uz. Existen desacuerdos en la real ubicación de esta zona. Algunas inclinaciones modernas señalan que la ubicación podría ser en las fronteras de Edom. Sin embargo, otros señalan que la ubicación tradicional sería Basán, región de meseta del norte de Transjordania, al norte de la parte central y superior del río Yarmuk. Era una de las 3 zonas en que se dividía la Palestina oriental: “la llanura” (Arabá*), Galaad* y Basán (Dt. 3:10; Jos. 20:8). Sin embargo, a veces se contó como parte de esta meseta un sector del territorio al sur del Yarmuk (Jos. 12:4, 5), y ocasionalmente se incluyó en Basán, aún la zona montañosa al este del Mar de Galilea y del Lago Hulé (Dt. 4:43).

Del origen familiar de Job, nada se conoce, sólo existen antecedentes que fue un hombre rico y con elevada posición social y que tenía lugar con los sabios.

Vida y obra de Job: Lejos de Israel, vivía hace muchos siglos un personaje legendario, de nombre Job; era hombre recto, temeroso de Dios y apartado del mal. No conocía bien la Ley de Moisés, pero, viviendo con rectitud de intención según la ley natural, conservaba las tradiciones de los patriarcas y adoraba a Dios con sencillez de corazón. Tenía siete hijos y tres hijas. Poseía muchos bienes, entre ellos siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y numerosos sirvientes. Sus hijos solían visitarse unos a otros en sus casas y celebraban banquetes juntos.

Después que Jacob y José murieron en Egipto, Job fue la persona más fiel a Jehová en toda la Tierra. Jehová quería hacerle saber a Satanás que él no podía hacer que toda persona fuera mala, y le dijo: ‘Mira a Job, ve lo fiel que me es.’ ‘Él es fiel,’ alegó Satanás, ‘porque tú lo bendices y tiene muchas cosas buenas. Pero si se las quitas, te maldecirá.’ Por eso Jehová dijo: ‘Ve. Quítaselas, haz todas las cosas malas que quieras a Job, veremos si me maldice,  pero cuidado no pongas tu mano sobre él.’

Primero, Satanás hizo que unos hombres robaran el ganado y los camellos de Job, y sus ovejas fueron muertas. Y mató a sus 10 hijos e hijas en una tormenta. Después, dio a Job una enfermedad similar a la sarna. Job sufrió muchísimo, por eso su esposa le dijo: ‘Maldice a Dios y muere.’ Pero Job no quiso, permaneció fiel a Dios. También, tres amigos falsos vinieron y le dijeron que él había vivido una vida mala. Pero Job siguió fiel.

Terminada la prueba, Job había probado su fidelidad a Dios y, a pesar de todo lo ocurrido, sale triunfante, en sus últimos años de vida, Job recibió de Dios más bendiciones de las que tenía antes de su prueba, pues llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, dos mil bueyes y mil burras; además, tuvo catorce hijos y tres hijas. A la primera de ellas la llamó Jemima, a la segunda Cesia, y a la tercera llamó Keren-hapuc. Estas tres hijas de Job eran las mujeres más hermosas del país, y tanto a ellas como a sus hermanos, Job les dejó una herencia.

Job vivió ciento cuarenta años más después de su prueba, y llegó a ver a sus hijos y nietos, hasta la cuarta generación.  Luego de haber disfrutado de una larga vida, murió siendo ya muy anciano.

En el libro de Job la sabiduría humana se enfrenta y se contrasta con la divina. Termina reconociendo que la última palabra de la sabiduría está en Dios. Job al borde de la desesperación, pudo acercarse a Dios y esto lo preparó para la revelación de la soberanía divina que le trajo paz.

Job fue un hombre tan temeroso de Dios, que a pesar de la gran prueba que tuvo que pasar, de perder sus bienes y lo más preciado, su familia, nunca se soltó de la mano de Dios, sino que dijo: “Nada he traído a este mundo, y nada me voy a llevar. ¡Bendigo a Dios cuando da! ¡Bendigo a Dios cuando quita!”.

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