Testimonio hermana Yanette Soto, Iglesia de Ancud Fátima

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Mi nombre es Yanette Soto Campos, mamá de Josefa Zaren Morales Soto, pertenecemos a la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Ancud Fátima y éste es el testimonio vivido con mi hija.

El día 30 de diciembre del 2018 Josefa comenzó con fiebre muy alta, nos preocupamos y la llevamos tres días seguidos al hospital de Ancud, Isla de Chiloé; en ese lugar nos daban cualquier diagnóstico ya que no sabían que tenía. El 01 de enero comenzaron a aparecerle ronchas en todo su cuerpo y la fiebre continuaba. Decidieron entones hospitalizarla en Ancud para luego enviarla al hospital de Castro. Al día siguiente su situación empeoró, además de las ronchas y fiebre, su cuerpo se inflamó por completo, comenzó a fallar su corazón teniendo sus latidos cada vez más lentos, le realizaron muchos exámenes que la descompensaban, pero ninguno de ellos pudo diagnosticar con certeza a mi hija. El médico nos pidió que nos preparáramos ya que las esperanzas de que mi hija Josefa sobreviviera eran cada vez más escasas.

Cuando escuchamos esas palabras, yo me desesperé, Salí de esa habitación y entre al baño en donde me arrodillé y me postré ante Dios rogándole, suplicándole que no se llevara a mi hija que nos demostrara que Él estaba ahí con nosotros.  Cada vez que entrábamos a verla su estado era peor, su corazón no funcionaba, y cuando eso sucedía le inyectaban algunas drogas para lograr que pudiera reaccionar, todo esto era muy invasivo para ella tan pequeña.

Me fui al baño nuevamente y le volví a pedir a Dios que no se la llevara, yo quería una respuesta rápida, quería de inmediato que mi hija se recuperara, entraba a verla y observaba que su estado había empeorado, cada uno se sus exámenes salían malos. Mi niña estaba en riesgo vital, me llamaron que sería trasladada al hospital de Puerto Montt, que en Castro ya no podían hacer nada más por ella. En esos momentos llegó mi pastor Rubén Ibacache, y me dice la enfermera: te busca un caballero evangélico afuera, quiere que salgas, pero en este momento la prioridad es tu hija, así que no puede salir”, pero yo le estaba pidiendo una respuesta a Dios, por lo tanto, salí y fui donde mi pastor, Él oro conmigo para bendecir a mi hijita, oro por mi hija, la ungió, y la trasladaron a Puerto Montt. Para los médicos la niña estaba en su última etapa de vida, la ambulancia viajó tan rápido, era como que alguien guiaba la ambulancia, no había autos ni camiones en la carretera, todo despejado. (en lo cotidiano no es así)

Llegamos a Chacao y como Dios ya estaba tomando el control de la situación, el transbordador estaba esperándonos para salir de la Isla, junto con ellos estaba Carabineros de Chile, sin duda Dios estaba ahí con nosotros. Llegamos al hospital de Puerto Montt y nos encontramos con una enfermera cristiana quien nos animaba a confiar plenamente en Dios.  Mi hija estuvo 7 días hospitalizada en la UCI y se le diagnosticó el síndrome de Kawasaki.

Luego de esos 7 días, comenzó una recuperación increíble, todos los exámenes comenzaron a salir bueno, las plaquetas absolutamente normales; fue trasladada a pieza normal y estuvo tres días más hospitalizada, todo normal, como que nunca tuvo esa enfermedad. Después de tantos días sin diagnosticar a mi hija, Dios preparó los médicos correctos para examinarla y diagnosticarla.

Agradezco a mi hermana Kathy porque siempre estuvo conmigo, nunca me dejó sola, al igual que mi familia. Asimismo agradezco a mi iglesia, a mis pastores Mario Mora y Edith Isla de la Iglesia Ancud Fátima junto a la congregación por sus oraciones en favor de mi hija y de mi familia.

Todo esto me hizo reflexionar, en ese tiempo yo no estaba tan comprometida con Dios y tuvo que pasar todo esto para volverme a Él y reconocerlo como lo que es, un Dios de milagros potentosos, un Dios lleno de amor que no miró mi condición, sino que obró en misericordia para conmigo a través de mi hija. Hoy soy una agradecida por lo que Dios ha hecho y eso me hace aferrarme aún más a Él, buscarlo cada día para que se cumpla en mí sus promesas.


Corresponsales Yuvitza Ortiz Orellana y Ester Valdebenito Rodríguez