Si tu presencia no va conmigo, no me lleves a ningún lado

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Y Moisés respondió: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí», Éxodo 33:15.

La presencia de Dios es lo más importante que un creyente puede tener, experimentar ese respaldo y protección que solo el Padre Celestial puede brindar; es lo más hermoso que se puede llegar a experimentar.

Moisés lo entendió muy bien, por lo que reconoció que sin Dios no podía continuar dirigiendo al pueblo en el camino a la tierra prometida.

Una de las características más importantes de Moisés, es que tenía a Dios por amigo, la palabra dice que hablaba con Dios cara a cara, y por tanto halló gracia ante sus ojos. Éxodo 33:11-14.

Este es un gran ejemplo de que el hombre separado de Dios no puede hacer nada. No fueron las capacidades de Moisés las que lo llevaron a guiar al pueblo de Dios, sino que fue la fuerza que recibía cada vez que estaba en comunión con el Señor, Juan 15:5.

Es decir que todos los beneficios de un cristiano se encuentran escondidos en su presencia; es allí donde se reciben las fuerzas, el consuelo, la libertad, y aun las peticiones y los deseos que están en el corazón, son concedidos mediante la búsqueda de su rostro.

Así que es necesario aprovechar cada momento para ir a ese lugar de intimidad, y allí hablar con el Padre; porque esa es la garantía de obtener todas las victorias.

El Espíritu Santo es el mejor amigo del creyente; Él lo acompaña en todo momento, es esencial que los hijos de Dios hablen cada día con Él.

La palabra dice que en su presencia hay plenitud de gozo (Salmos 16:11). Por eso el cristiano debe mantenerse lleno constantemente para que ese gozo arrope su vida.

«Me has dado a conocer los caminos de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia» Hechos 2:28

Fuente: bibliatodo.com