Reflexión | “La constancia en la oración tiene su recompensa”

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¡Qué difícil es ser constantes en la oración!. Cada vez que estamos listos para orar algo pasa, parece que los problemas se multiplican y al fin no podemos hacerlo. Si decimos tener un tiempo de oración en la mañana, nos quedamos dormidos, y se nos hace tarde para el trabajo o la escuela.

Si decimos hacerlo por la noche, estamos tan cansados que nos da sueño y nos quedamos dormidos o quizás llegamos demasiado tarde. Hay un ser interesado en que el creyente no ore al Señor.

Es alguien que sabe que la oración es fuente de poder para el cristiano, pues en el momento en que estamos dispuestos a derramar nuestras almas y nuestro clamor ante el buen Padre que está escuchando, nos transformamos en poderosos hijos de Dios.

Ese alguien es Satanás y cuando estás en problemas, él es el que trata de que te olvides de orar y te hace actuar sin tener en cuenta a Dios, pues cuando dejas de orar y actúas sin la guía del Señor, seguro que te vas a equivocar.

Él es el mentiroso, el engañador, él te dice “tú puedes solo, adelante” ¡Cuántas tristezas nos ahorraríamos, si nos acordáramos de orar antes de actuar!. Jesús nos dejó el ejemplo de una vida de oración. Las cosas suceden cuando el creyente ora. La oración nos liga al Padre Todopoderoso y mueve las acciones celestiales. Por eso hay una gran lucha para que no oremos.

Muchas personas se acercan a los siervos de Dios, para que éstos oren por ellos. La frase es: “pastor ore por mí”. Cada creyente que vive en obediencia a Dios puede orar a Dios y ver los resultados. Algunas personas dicen, ¿por qué oro y oro pero Dios no me contesta?  Dios contesta siempre, con sí, con no y con espera.

Pero lo importante es lo que dice 1 Juan 3:22, “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.”.

Estas son las dos reglas para Dios, es muy importante que guardemos su Palabra, que seamos obedientes a Él y hagamos lo que Dios quiere y no lo que nosotros queremos.

Fuente: biblia.com