Reconocimiento a hermano Luis Humberto Guerrero Vidal

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La Iglesia Metodista Pentecostal de Chile agradece a Dios por la vida de mujeres y varones que han dejado una huella de entrega en su bendita Obra.  En esta ocasión, hacemos un reconocimiento en vida a nuestro estimado Hno. Luis Humberto Guerrero Vidal, integrante de la Iglesia de Talagante, quien a sus 95 años de edad sigue siendo un referente en el pueblo evangélico de la comuna y en el Sector 6.

A continuación, compartimos una breve biografía de nuestro hermano Guerrero.

Nace en el año 1925 en un pueblito llamado Lora, ubicado a unos 98 km de Curicó hacia la costa.  Su nacimiento fue en la misma casa en que vivía, en condiciones muy precarias propias de una familia; sus Padres fueron Luis Alberto Guerrero Vergara y María del Carmen Vidal Correa.

Crece junto a su madre y a su padrastro José Rosas Sánchez, quien se desempeñaba como inquilino de fundo. Su legítimo padre, don Humberto, murió cuando era un bebé.

Dentro de los recuerdos de niñez que mantiene, a los 5 años aproximadamente, cuenta que le gustaba andar con palitos maestreando y el juguete que tenía era un perrito llamado suspiro y un caballo de palo.

Fue muy entusiasta en aprender en la escuela, aquí solo le enseñaban a leer y tenía que caminar largos trechos para llegar a ella, caminata que por su condición de pobreza la realizaba descalzo. Solo alcanza a estar cerca de dos años, ya que, se trasladan al pueblo de Licantén, lugar en donde continúa, por un tiempo más, en otra escuela hasta que nuevamente se trasladan a otro fundo y lo sacan definitivamente de la escuela para ayudar a su padrastro en los trabajos del campo que él debía realizar.

Se puede decir que su niñez y juventud fue entorno al trabajo de campo, desarrollando trabajos propios del campo de forma muy responsable, hacendoso, tanto así que siempre tenía el cariño de los dueños o patrones de fundo.

A la edad de 25 años, estando en pleno trabajo, bajando fardos desde un segundo piso cae al piso y se golpea la cabeza contra una pilastra. Aquí, sin siquiera imaginar, comienza todo un cambio y sufrimiento que le cambiaría por completo su vida.   Poco a poco su vista comienza a fallar y a ver cada vez más nublado. La gente le decía “debe ser un aire, tome esto, aquello, haga esto, colóquese este ungüento” etc. etc., pero el tiempo pasaba y cada vez veía menos. Cuenta que los dolores eran tremendos, ya casi no los aguantaba, hasta que llega el día que deja de ver por completo.

Después de un tiempo tratándose con remedios caseros, es hospitalizado en Talca, sin haber mejoría. Su patrón, que le estimaba mucho un hijo, lo trae de regreso a su casa y luego de un tiempo lo lleva a Santiago a internarse en el Hospital Salvador, pero los doctores no sabían que hacer pues no encontraban cura para su enfermedad.  Tampoco tenían los remedios adecuados para aliviarle. Luego de estar mucho tiempo hospitalizado, en las mismas condiciones, escucha a unos de los médicos que no habiendo cura, habría que aplicar dolor contra dolor.  Es así como pasado algunos días, le inyectan en sus ojos y le matan el nervio óptico, aquí deja de sentir dolor pero sin saber, queda ciego permanentemente.

Después de un tiempo hospitalizado pide el alta para irse a la casa de su primo Domingo Veliz, quien vivía en Calera de Tango. El propósito de ir a este lugar era porque le habían contado que en San Bernardo habían yerbateras que “supuestamente” lo podían mejorar y luego de esto podría volver al sur. “Sin saber que era propósito de Dios para llegar al evangelio”.

Aquí comienza un ir y venir entre la casa de su primo y la búsqueda por mejoría. Cuenta el Hno. Guerrero que en las noches la desesperación lo atormentaba, lloraba cada noche como un niño, no veía ninguna salida. Si bien su primo y su familia, que lo querían mucho, le otorgaron todo el cariño y le piden que se quede a vivir con ellos, esto no es suficiente para llenar el vacío y aplacar la desesperación que tenía.

El tiempo pasaba, sus ropas ya se fueron terminando, sin dinero y la constante desesperación que sentía. Cuenta que, muchas veces llorando en las noches, escucha voces que le decían “mátate mejor”, “así no vales nada”, “no sirves para nada”.

Así pasan los días y recuerda que fue invitado a una Iglesia Evangélica, comenzando un nuevo camino espiritual; conociendo al Señor Jesús en la Clase Los Bajos de San Agustín, que dirigía el gran siervo de Dios, el Pastor Oraldo Rojas  Ramírez de la Iglesia de San Bernardo.

Con el tiempo la familia con la cual vivía por motivos del trabajo, se traslada, junto a él, a los Huertos de Naltagua en Isla de Maipo, donde continúa su vida.

El Hno. Luis tenía un deseo que era leer la Biblia, y de esta forma conocer la palabra de Dios, pues dependía de la buena voluntad de alguien o algún niño en la casa que le leyera. En un viaje de Talagante a los Huertos de Naltagua le habla una persona y le pregunta sobre  que si sabía leer en Braille, a lo cual el  responde que no sabía y que quizás a su edad ya era tarde. Esta persona, que resulta ser un profesor de la escuela que estaba en Naltahua, le insiste y le señala que preguntará como hacerlo y que lo vaya a ver.  Don Luis fue a juntarse con el profesor para que le diera algunas clases de Braille, cuenta que al tomar un libro dijo “nunca voy a aprender a leer en esto”, esto por la dificultad que tiene el interpretar la serie de puntos. De igual forma recibió algunas lecciones de las vocales y como juntar las letras, pero sin mayores ilusiones, cuenta que en una noche en un sueño le dicen “Hágale empeño porque va a aprender”, un día en la casa toma un libro que le habían pasado y lee lentamente “El Santo evangelio Según San Mateo…” sigue leyendo y se pone a llorar al descubrir que lo podía hacer. ¡Aprendió a leer las Sagradas Escrituras!

Su vida entonces seguía transcurriendo, con su familia y los hermanos en la fe, como al mismo tiempo, comienza a desarrollar un pequeño emprendimiento como comerciante ambulante.

Pasado el tiempo y la familia del Hno. Luis se debe trasladar a Santiago y el decide quedarse en Los Huertos de Naltagua, siendo la oportunidad para unirse en matrimonio con la Hna. Mónica de Las Mercedes Carrasco González, quien vivía en la localidad de San Vicente de Naltagua, esto ocurre en diciembre del año 1972, trasladándose a Talagante. Producto de este matrimonio, ya por cumplir 48 años, Dios le concede 6 hijos, 15 nietos y 6 bisnietos a la fecha.

A sus 95 años sigue trabajando en comercio, preocupado de su familia y practicando la fe cristiana que le ha servido para desarrollarse en esta vida. Ha trabajado en la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile-Talagante, siendo Oficial-Diácono vitalicio, desarrollando esta labor con los cuatro ministros que ha tenido esta congregación: Pastor José Aníbal Valladares Pérez (1951-1970)-Pastor Héctor Armando Maturana Méndez (1970-1990)-Pastor José Guillermo Reyes Reyes (1990-1991), y actualmente nuestro Pastor Néstor Luis Beltrán Ríos (1991 a la fecha).

Talagante, Julio de 2020