¿Dónde está Dios cuando pasan cosas malas? A propósito del extravío del avión Hércules

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Las desalentadoras noticias del avión Hércules C-130 sin duda nos amarga a todos, no solo  porque una treintena de sus tripulantes eran compatriotas, sino además, porque dos de ellos son de creencia evangélica: Luis Andrés Iturriaga Poblete, miembro de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, de derecho público, en la comuna de Sagrada Familia y Esteban Catalán Pavez, de fe bautista.  Ambos miembros de la Fuerza Aérea de Chile.

En casos tan difíciles como éste, algunas personas tienden a señalar ¿Por qué Dios no intercedió sabiendo que en la nave iban dos de sus hijos? ¿Cómo me explico este infortunio? ¿Dónde estaba Dios al momento del accidente?

El sufrimiento está en todos lados. A veces viene a través de un desastre de la naturaleza.  Otras veces es provocado por condiciones económicas adversas, salud, cesantía laboral, violencia familiar, desigualdad social. En otras ocasiones una enfermedad, o cuando hay una muerte inesperada.

Dios Padre siempre ha estado involucrado con Su creación, y no se limita simplemente a interactuar… Él consuela, sana, fortalece, y se preocupa de hasta lo más mínimo detalles de sus hijos.  Entonces vuelve a dar vuelta la misma pregunta, ¿Dónde está Dios cuando ocurren este tipo de tragedias? Difícilmente lograremos encontrar las respuestas del caso, pero permítanme mencionar que este mismo Dios Creador también obra a través del sufrimiento.  Este mismo Dios actúa por medio del Espíritu Santo para recordarnos que, aún en medio del dolor, Él tiene un propósito perfecto, y que el resultado final va a ser para nuestro bien, porque Dios nos ha llamado para que seamos sus hijos amados.

La congoja que compartimos miles de compatriotas por el extravío de nuestro joven hermano Luis Andrés, asimismo por el Cabo Catalán y los demás tripulantes del avión Hércules, sólo la podremos suplir buscando el refugio protector y misericordioso de Dios, que en su Voluntad Soberana y Perfecta, determina lo mejor para cada uno de nosotros.  Amén.