La modificación del rostro, cuerpo, entre otras partes, que son llamadas «imperfecciones», cada vez son más fáciles de cambiar.
Sin embargo, existe algo, que no se puede transformar mediante estos procedimientos quirúrgicos, y se trata del corazón.
El corazón es el órgano más indispensable en el cuerpo humano; Dios le dio a este miembro una función muy importante para la existencia de una persona.
La Biblia también habla del corazón, y lo representa a través de dos palabras «engañoso» y «perverso» (Jeremías 17:9).
Por lo que se asemeja también a un depósito, donde se guardan todos los pensamientos, sentimientos y emociones de una persona; esto se encuentra reflejado en San Mateo capítulo 15, versículo 19.
Tanto la maldad, como la bondad que alguien puede mostrar en sí, sus hechos, palabras y aún gestos. Todo lo que esa persona es, proviene de lo que hay en el tesoro de su corazón (San Lucas 6:45),
Por lo tanto, de nada vale hacer un cambio físico, mientras el corazón está lleno de maldad. La Biblia dice que no pongamos la mirada en lo que se ve, porque es temporal (2 Corintios 4:18).
Mientras que las cosas que no se ven son las que realmente deben ser de importancia para un creyente, porque si un corazón está limpio y lleno de Dios, no va a hacer falta nada más.
«…Porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23)
Sólo Dios puede limpiar ese depósito llamado corazón, no hay cirujano que pueda quitar el odio, rabia, altivez o amargura; sólo el médico por excelencia, Jesús, puede transformarlo por completo.
Él hará los cambios necesarios para sacar de ese corazón lo que no le agrade, sólo está esperando que las personas decidan dejarlo en sus manos, para transformarlo en uno nuevo.
«Yo les daré un corazón íntegro, y pondré en ellos un espíritu renovado. Les arrancaré el corazón de piedra que ahora tienen, y pondré en ellos un corazón de carne». (Ezequiel 11:19)
Fuente: bibliatodo.com