Testimonio de Sanidad: Hermano Raúl Echeverría Fuentes, Iglesia de Bulnes

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¡Dios tiene la última palabra!

En Diciembre de 2016 fui ingresado al hospital Herminda Martín de Chillán en estado muy grave, con problemas a mi Vesícula, la cual no me había tratado a tiempo. Fui sometido a una serie de exámenes los cuales todos salieron alterados, debiendo ser intervenido a una primera operación, la que arrojó que mi vesícula estaba muy dañada, varios órganos de mi cuerpo estaban siendo comprometidos, por lo cual los médicos no tenían ya mucho que hacer y literalmente en la operación me abrieron y cerraron. Se me declaró una Septicemia fulminante la que envenenó completamente mi cuerpo, además se me perforó el duodeno; como consecuencia, quedé inconsciente y fui  llevado a la UCI.

Nueve meses estuve hospitalizado y dos meses en coma agonizando entre la vida y la muerte. En dos oportunidades mientras agonizaba, me fui de este mundo y el Señor me devolvió a la vida. La septicemia comprometió todos mis órganos, se me comprometió el páncreas, el hígado, el vaso, los pulmones, mis riñones; estando en la UCI me empezaron a dializar lo que me provocó una lesión en la columna, mis pies quedaron como un cuero colgando, se murieron los tendones, se murió toda la masa muscular, mis huesos se secaron, era solamente hueso con carne, me llenaba de líquido, hasta mi cráneo hinchado, los médicos me abrían una y otra vez mi cuerpo para realizarme lavados, quedé sin poder hablar, quedé sordo, me pusieron ventilación mecánica, me perforaron la garganta, me hicieron una traqueotomía; humanamente, ya no había NADA que hacer, los diagnósticos médicos solamente eran de muerte, le dijeron a mi esposa que solo me daban cuatro días de vida, porque mi cuerpo ya no resistía más.

El esfuerzo humano estaba acabado, no había nada más que hacer, solamente esperar, pero todavía faltaba la palabra del doctor de los doctores, de Aquel que hizo los cielos y la tierra, el mar y la fuentes de las aguas, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, faltaba la palabra de aquel que dijo Yo soy el primero y el último, ese que sanó a la mujer de su flujo de sangre, Ese que tan solo al sonido de su voz, los muertos se levantaban a la vida… solo puedo Glorificar a Dios porque SU última palabra llegó a mi vida y experimente el milagro de Dios para mí; cuando ya todo había acabado, mi piel comenzó a regenerarse llegando a quedar como la piel de un niño, el Señor detuvo la septicemia,  me sanó del páncreas, del hígado, del vaso, restauró mis pulmones y  me colocó riñones nuevos. Alabo al Señor porque después de estar prácticamente muerto, desahuciado por los médicos, Dios en su misericordia restauró mi cuerpo por completo.

No tengo ninguna capacidad especial, no soy mejor que ninguno, al contrario,  me siento inferior a cualquier hermano, pero la misericordia de Dios me ha alcanzado, su bondad ha sido conmigo Y aquí estoy hermanos caminando para la gloria del Señor, porque al Señor no le servía en una silla de ruedas, al Señor no le servía postrado en una cama, al Señor no le servía mudo, no le servía sordo,  Al Señor le servía sano para que la Gloria del Dios se manifestará en mi vida, para que muchos fueran testigos de su gran poder. Ahora levanto mis manos y glorifico  su nombre; soy un testimonio vivo del poder de Dios. He evidenciado en mi vida que el poder de Dios es el mismo de ayer y hoy,  que Él levanta a los paralíticos y resucita a los muertos.

Este es el Dios a quien que yo sirvo, un Dios poderoso, un Dios real, un Dios que está vivo, un Dios que restaura y que jamás nos dejará, le invito a usted a creer, Dios hará milagros en su vida.


Hermano Raúl Echeverría Fuentes, IMPCH Bulnes.

Corresponsal Abner Moraga

Ester Valdebenito Rodríguez, Comunicaciones IMPCH.