Tema Bíblico | “Los Apóstoles” Parte 1

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Grupo 1: Simón, llamado Pedro, Andrés, su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; El primer subgrupo de cuatro es el más familiar para nosotros. Estas dos parejas de hermanos, todos pescadores, representan un círculo interno de discípulos frecuentemente visto cerca de Jesús.

SIMÓN PEDRO

Este nombre era muy común, solo en el relato de los Evangelios hay por lo menos siete personas que se llaman Simón y, entre los Doce había dos. El nombre completo era Simón, hijo de Jonás, o sea nombre del padre de Simón Pedro era Juan, traducido a veces como Jonás. No se sabe nada más respecto de sus padres.

El sobrenombre era importante, y el Señor tuvo una razón específica para ponérselo. Por naturaleza, Simón era impetuoso, inconstante y poco digno de confianza. Tendía hacer grandes promesas que no podía cumplir. Era de aquellas personas que se entregan de cuerpo y alma a una cosa pero que se rinden antes de terminarla. Por lo general, era el primero en entrar y, demasiado a menudo, era el primero en salir.

Simón era un pescador de profesión, junto a su hermano Andrés pertenecían a una familia de pescadores que vivían en Capernaum y pescaban en el Mar de Galilea. Era casado y lo sabemos por lo que dice Lucas, quien registra la sanidad que milagrosamente obró Jesús en su suegra.

¿Cómo terminó la vida de Pedro? Sabemos que Jesús le había dicho que moriría como mártir, pero la Escritura no registra su muerte. Los antiguos documentos de la historia de la iglesia primitiva indican que fue crucificado. Se cita el testimonio de Clemente, quien dice que antes que Pedro fuera crucificado fue obligado a presenciar la crucifixión de su propia esposa y, mientras ella caminaba hacia la muerte, Pedro la llamó por su nombre, diciéndole: “Recuerda al Señor”. Cuando le tocó el turno de morir, pidió que lo crucificaran cabeza abajo porque no era digno de morir como su Señor había muerto.

ANDRÉS

Hermano de Pedro, es el menos conocido de los cuatro discípulos del grupo principal, sin embargo fue el primero de todos en ser llamado y quien presentó a su hermano a Cristo. El nombre Andrés quiere decir “varonil”, era valiente, decidido y reflexivo. Cuando Jesús y él se encontraron por primera vez, Andrés ya era un hombre devoto que se había unido al grupo de discípulos de Juan el Bautista y Juan registra el hecho en calidad de testigo, porque ambos estaban allí como seguidores.

En el bautismo de Jesús, Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios”; al día siguiente se produce el encuentro personal de Andrés con Jesús, y éste dejando a Juan el Bautista, sigue al Señor. Pero no se debe pensar que había en este hecho una deslealtad hacia el Bautista, al contrario, él ya había negado que fuera el Mesías y sólo era su precursor, había venido a preparar el camino y a indicar a la gente la dirección correcta, por este motivo Andrés y Juan cuando escucharon a Juan el Bautista identificar a Cristo como el Cordero de Dios, inmediatamente lo dejaron para seguir a Jesús. Después de su encuentro inicial con Jesús, Andrés volvió a Capernaum a su trabajo como pescador. Varios meses después, Jesús fue a Galilea, encontrando a Andrés, a su hermano Simón, además de Jacobo hijo de Zebedeo y Juan su hermano, los llamó y le siguieron.

Siempre Andrés apreció el valor de una sola alma, trae individuos, y no a multitudes, a Jesús, la mayoría de las veces que es mencionado en los Evangelios, está trayendo a alguien al Señor. Recordemos que su primera acción después de descubrir a Jesús fue ir y traer a Pedro. En la alimentación de los cinco mil, el trajo a Jesús al niño que tenía los panes y los peces, pues Jesús había mandado a los discípulos que alimentaran a la gente, y Andrés sabía que Él no les habría dado tal orden sin hacer posible que ellos la obedecieran, pues entendía que nada es insignificante en las manos de Jesús.

La Biblia no registra lo que pasó con Andrés después de Pentecostés. Cualquiera haya sido el rol que le correspondió realizar en la iglesia primitiva, se mantuvo siempre tras bastidores. La tradición dice que llevó el evangelio hacia el norte, por ello se le considera santo patrono de Rusia y de Escocia. Finalmente fue crucificado en Acaya, que está en el sur de Grecia, cerca de Atenas. Uno de los relatos dice que llevó al conocimiento de Cristo a la esposa de un gobernador provincial romano, lo que enfureció al esposo de ella. Este quiso que su esposa renunciara a su devoción a Jesucristo pero esta se negó a hacerlo. Entonces el gobernador hizo crucificar a Andrés y para prolongar sus sufrimientos, lo amarraron a una cruz en forma de X, donde permaneció colgado durante dos días, tiempo en el que exhortó a los que pasaban a que se volvieran a Cristo para alcanzar salvación.

JACOBO

Del primer grupo que destacan por su cercanía con Jesús, Jacobo es el que nos resulta menos familiar, y no se cuentan detalles respecto de su vida. Normalmente en los Evangelios es mencionado con su hermano más joven y conocido, Juan.

Jacobo es una figura dentro del grupo cercano al Señor, pues junto a Pedro y Juan, su hermano, son los únicos a quienes el Maestro permitió que lo acompañaran cuando resucitó a la hija de Jairo, el mismo grupo fue testigo de la gloria de Jesús en el Monte de la Transfiguración, y fue uno de los discípulos que privadamente hicieron preguntas a Jesús en el Monte de los Olivos, finalmente aparece mencionado junto a Juan y Pedro, cuando el Señor los responsabilizo para orar con Él en Getsemaní.

Sin embargo, hay una cualidad que se puede destacar en Jacob, su pasión, y su fervor e intensidad lo que llevó a que junto con Juan, recibieran de parte de Jesús el sobrenombre de Boanerges, que quiere decir “hijos del trueno”. El hecho de que Jacobo haya sido el primero en sufrir el martirio y que fuera ejecutado nada menos que por Herodes, sugiere que no era un hombre pasivo.

Hay un hecho que le retrata de cuerpo entero y es cuando Jesús decide pasar por Samaria, puesto que era la ruta más corta entre Galilea y Jerusalén pero, la mayoría de los judíos que hacían este viaje tomaban un camino con muchos kilómetros adicionales para evitar pasar por Samaria, dado que los samaritanos eran una raza mixta, integrada por los israelitas del reino del norte, pero cuando fueron conquistados por los asirios, llevaron en cautividad sus tribus y esa tierra fue repoblada por paganos y extranjeros leales al rey de Asiria y, los israelitas pobres que quedaron se mezclaron formando sus familias con los paganos. Organizaron su propio sacerdocio, construyeron su propio templo en el Monte Gerizim e idearon un sistema de sacrificios haciendo una nueva religión basada en tradiciones paganas. Estos hechos hacían que judíos y samaritanos no se tratasen entre sí.

Esto lleva a Jacobo y a Juan su hermano, a buscar una solución para dar rienda suelta al enojo que les embargaba y le preguntaron a Jesús: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?”, olvidando que Jesús les había enseñado: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.

Catorce años después de este incidente, Jacobo sería el primero de los Doce que sería muerto por su fe y es la única muerte que ha quedado registrada en la Escritura. Claramente, Jacobo era un hombre de pasión, pero ahora bajo el control del Espíritu Santo, había sido tan importante en la propagación del Evangelio que provocó la ira de Herodes. Su vida fue corta pero su influencia llega hasta nuestros días.

JUAN

(El Apóstol)

Hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo y, al igual que su padre, eran pescadores en el mar de Galilea. Su madre, según la opinión de muchos, se llamaba Salomé y vivían en Capernaum. Con el paso del tiempo, y dada la cercanía de sus hijos con Jesús, posiblemente llevó a que su madre pidiera que, en el reino, sus dos hijos, se sentaran en lugares de honor. El Señor respondió que eso no lo podía dar Él, pues era decisión del Padre, ante esta idea los discípulos se enojaron con los dos hermanos.

En aquellos puntos donde carecía de equilibrio, Jesús se lo dio y, en el proceso, Juan se transformó de un fanático impetuoso, a un piadoso y tierno dirigente de la iglesia primitiva, aunque siguió siendo valiente, decidido y apasionado, finalmente, aprendió lo que es el equilibrio entre la ambición y la humildad. De hecho, la humildad es una de las grandes virtudes que se destaca en sus escritos.

Juan pertenecía a una clase acomodada, era conocido del sumo sacerdote, lo que le permitió entrar al patio de su casa junto a Pedro, la noche del juicio del Señor.

Juan antes de conocer al Maestro fue discípulo de Juan el Bautista. El Señor lo encontró junto con Jacob, su hermano, en la barca de su padre, mientras “remendaban las redes”, cuando recién iniciaba su ministerio y les llamó.

La tradición eclesiástica atribuye al Apóstol Juan la autoría del Evangelio de Juan; también las Epístolas 1, 2 y 3 y el Apocalipsis, por este motivo se le designa como “Juan el teólogo” en la Iglesia de los primeros siglos. Puesto que no era versado en los Libros Sagrados: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” Hechos 4:13, el merecer semejante reputación a fines del siglo era algo extraordinario.

El precio de la gloria es el sufrimiento. Nosotros somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Jesús enseñó este principio una y otra vez. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Nuestro sufrimiento como creyentes es la seguridad de la gloria que está por venir. Y “las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Todos los discípulos necesitaban aprender esto, puesto que todos querían los asientos principales en gloria. Pero Jesús dijo que aquellos asientos tenían un precio. No solo están reservados para los humildes, sino que los que ocupen esos asientos primero deberán prepararse soportando la humillación del sufrimiento, pero, cuando se les presentó la oportunidad de demostrarlo, todos lo abandonaron y huyeron.

Su amor nunca se confundió con el sentimentalismo que aparta a los cristianos de la verdad. En sus epístolas, escritas cerca del final de su vida se advierte que seguía denunciando los engaños que se oponen al cristianismo, contra el pecado y cristologías sin Cristo. En ese sentido se mantuvo como hijo del trueno hasta el final.

El Señor sabía que el más poderoso defensor del amor necesitaba ser un hombre que nunca comprometió la verdad.