Pastora Mercedes García Alarcón, Iglesia de Hualpén

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Nació en Carahue, región de la Araucanía, el 17 de mayo de 1949 y falleció el 23 de abril del año 2015, 35 días después que su amado esposo  Pastor Víctor Valdebenito Z., partiera a la presencia del Señor.

Mercedes, era de origen humilde, su madre dueña de casa, su padre maestro chasquilla; decidieron venir a probar suerte a Talcahuano en la década de los 50, estableciendo finalmente su casa en Hualpén, después del terremoto del 60. Siempre le gusto participar en la iglesia, pues comprendió de muy joven la grandeza del Evangelio, así creció amando a Dios por sobre todas las cosas, entregando desde muy pequeña su vida a Él. Corista desde siempre, se destacó por su maravillosa voz y podía cantar todo el himnario de memoria, acompañada de su guitarra.

En lo secular, trabajó más de 40 años en el servicio de salud, formando parte del plantel del Hospital Higueras, en medicina y por más de 30 años en la UCI, desde esas responsabilidades jamás dudo en ayudar a hermanos conocidos y desconocidos, consiguiendo horas y visitando enfermos que le encargaban, con quienes cantaba alabanzas y oraba al Señor.

En un paseo de Año Nuevo, cuando tenía 15 años, acompañada de una gran amiga Lucy Contreras, conoció al que sería el amor de su vida, Víctor Samuel Valdebenito Zúñiga, con quien contraería matrimonio el 20 de noviembre de 1970; fruto de ese matrimonio y, luego de una espera de 3 años, pues había sido declarada estéril para la ciencia, nacieron sus tres hijos: Santiago Simón, Samuel Alejandro y Claudio Gabriel, quienes a su vez entregaron a sus padres la dicha de contar con el nacimiento de cuatro nietos.

En abril del año 1993, asumió, junto a su esposo, el pastorado de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, en Hualpén, donde se desempeñaron durante 22 años, destacándose por su humildad, desprendimiento, amor y cariño para cada uno de los hermanos de la congregación.

La Pastora Mercedes García Alarcón pasó a la presencia del Señor. Para quienes la sobreviven, queda el recuerdo permanente de su gran ejemplo como mujer de Dios, extraordinaria esposa, pastora, madre y abuela, fortalecidos con la esperanza que entrega la Palabra de Dios, que en la fidelidad que se mantenga en el camino del Señor, se encontrarán con ella en la eternidad.

Fuente: La Voz Pentecostal, edición 54 pág. 81