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“Mi Dios es un Dios de milagros” Testimonio hermana Romina Moraga, Iglesia de Molina

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Les quiero contar, la historia más linda que en ningún libro se haya escrito jamás… Es la Historia de un Milagro, pero de uno muy especial.

Recuerdo que desde niña siempre le preguntaba a mi mamá: ¿Por qué yo no tengo un testimonio? Así como todos los hermanos de la iglesia o como todos los demás, y ella siempre me respondía lo mismo, “Hija, si tú ya tienes tu testimonio; has nacido en el evangelio, desde los 9 años que tocas tu instrumento para el Señor, nunca has dejado de servir en la Iglesia y has dedicado todo tu tiempo para servir a tu Dios. ¡Ese es tu testimonio!”. Pero yo pensaba que eso era algo normal, me inquietaba por algún día contar algo de mi vida, que no me conocieran sólo por cantar y cantar.

Y así pasó el tiempo, hasta que encontré el amor de quien hoy es mi esposo. Crecimos juntos en la Iglesia y después de un compromiso de 8 años, nos unimos en matrimonio. Todo era alegría, mucho amor y felicidad, así pasaron los primeros meses. Pero yo en mi corazón tenía un deseo, yo quería ser Mamá. Esperaba ansiosa cada mes, alguna noticia especial.

Por 8 años esperé que mi ilusión se hiciera realidad, pero no había respuesta y tenía que volver a esperar otro mes más. Durante todo ese tiempo recibí muchas profecías, sueños y mensajes de hermanos de distintos lugares que yo no conocía, pero que Dios los enviaba para decirme que mi Bendición un día llegaría. Recuerdo que una noche mi mamá tuvo un sueño: “En un hospital, en el mesón de informaciones ella preguntó por mí,  la señorita le dijo: Romina está aún en lista de espera”. Al despertar mi mamá me dijo: Romina, no te preocupes, tu hijo llegará solo debes esperar. Y me regaló como prueba de su fe, unos calcetincitos para mi bebé. El tiempo siguió pasando y la respuesta no llegaba; me desilusioné muchas veces, mi Fe se hacía pequeña. Entre tanto Dios me visitaba y me mandaba a decir que no flaqueara.

Una vez fuimos al doctor, buscando una solución, la respuesta no fue buena. El tratamiento no resultó y nos tocó volver a la casa con mucho dolor.  Así pasaban los años cada vez era más difícil para mí lo que yo pedía. Muchas veces, muchas noches lloré en silencio por el dolor que sentía. Hubo una amiga que nunca, nunca dejó de orar por mí, Nyna, ella  fue quien me levantó muchas veces los brazos y sé que ella oraba aun cuando a mí se me terminaban las fuerzas y seguía pidiendo a Dios por mí. Pero aún, con todo mi dolor, nunca dejé de alabar a mi Señor, muchas veces canté llorando, como suplicando que se acordara de mi petición y durante esos 8 años, cada vez que llegaba a la Iglesia, me arrodillaba como Ana, la mujer de Elcana, para pedir en secreto a Dios, ese hijo que tanto anhelaba mientras mi esposo me transmitía su calma y su seguridad.

Hasta que el día 18 de noviembre me animé y me levanté para conversar con Dios así como una hija habla con su papá; y nos sentamos, según mi fe, en el comedor yo en una silla y al frente estaba Él. Le abrí mi corazón, con llanto y humillación y le dije: Señor, ¿usted podría mirar mi corazón? Para que vea el sufrimiento que por años llevo, que ya me cuesta ocultar. Yo quisiera llevar en mi vientre el fruto del amor de mi esposo y yo. Yo quisiera colocar un puesto más en mi mesa, quisiera servir un plato más en la cena mi madre me ha enseñado que cuando uno trabaja para usted, guarda tesoros en el reino de los cielos porque el que trabaja es digno de su salario y que usted no es deudor de nadie… Señor yo le quiero preguntar, si con ese ahorro que tengo me alcanzará para que mi petición usted me pueda contestar, Señor, ¿me alcanzará?. Esperaré su respuesta y no dejaré de orar.

Luego me fui a mi habitación y le pedí una palabra al Señor, abrí mi Biblia y encontré este mensaje para mí en Jueces capítulo 13 versículo 7 “Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte” Esa fue la Gran Respuesta que Dios me entregó esa mañana del 18 de noviembre del 2018.

Mientras tanto, en Molina, ese mismo día, en el Local de San Miguel, en medio de una gran manifestación del Espíritu Santo, un mensaje al corazón de mi madre llegó. Que decía: “los pechos estériles se llenarán de leche”. Al terminar el servicio mi mamá me llamó y me entregó ese mensaje que el Señor le había dado. Entonces ya no había duda, era la voz de Dios que confirmaba la bendición.

Durante el mes de diciembre fui al doctor como 2 veces, porque algo en mi organismo no estaba igual, los exámenes, la lógica, la ciencia y el médico, decían que no. Pero Dios me seguía hablando que esperara, que ya venía mi bendición. El 21 de enero, me hice un test de embarazo. Cuán grande fue mi alegría cuando al fin, después de 8 años pude ver las 2 rayitas que tanto esperé. Corrí a donde estaba mi esposo y nos abrazamos largo rato. Lloramos de agradecimiento y también lloramos de alegría, al ver que la Promesa de Dios, ya estaba cumplida.

Y esta es la historia que les quería contar el milagro de mi vida, aquí en mi vientre hay una promesa de Dios cumplida.

Estoy esperando a mi hijo, que me lo dio el Señor. Le doy gracias porque él nunca me dejó sola, siempre tuve a Dios conmigo y a mi amado esposo, quien ha tomado mi mano y juntos servimos al Señor.

“Mujer virtuosa. ¿Quién la hallará? La que deja su alma regada en llanto frente al altar y le dice al Señor aquí te ofrendo mi necesidad y Él que ve en secreto, en público la recompensará. Y ella se goza y alaba a su Señor y no se cansa de esperar porque está segura y porque confía que una respuesta el Señor le dará”

Testimonio de la hermana Romina Moraga Soto, IMPCH Molina.

Marco Ramírez Alarcón, Yuvitza Ortiz Orellana, Ester Valdebenito Rodríguez